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En libertad
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Para empezar diré que me llamo Alejandrina; aunque siempre para abreviar me han llamado familiarmente Nina; tengo 41 años, mido 1,65 cm, soy morena aunque actualmente llevo el pelo teñido de rubio platino y corto, ojos marrones, culo respingón, pechos grandes y un cuerpo que nada tiene que envidiar a nadie.
Lo que me dispongo a contar ocurrió hace ya unos seis años, y es en mi opinión algo peculiar; por la relación; no muy buena; que por entonces tenía con la que es hoy mi pareja; es decir; con mi prima Alfonsina; a la que yo cariñosamente también llamo Nina, aunque sólo en casa y cuando estamos a solas. Me explico; por aquella época por distintas circunstancias ambas estábamos distanciadas, aunque no por ello y en momentos difíciles siempre que podíamos nos ayudábamos mutuamente...

Mi prima Alfonsi; así la llaman en el entorno familiar y las amistades; es quince años mayor que yo; su pelo es castaño y muy largo, tiene; más o menos; mi misma estatura su cuerpo está lleno de curvas; al igual que el mío, culito respingón; y pechos también grandes y que a pesar de su edad 56 años aún se mantienen firmes.

Una vez expuesto todo lo que nuestros queridos lectores tiene que saber sobre nosotras me dispongo a comenzar el comienzo de nuestra vida como pareja y las circunstancias que hicieron posible esta unión.

Como he dicho todo comenzó hace unos seis años, yo por entonces estaba casada, no tenía hijos y mi matrimonio no pasaba por su mejor momento. Mi marido y yo vivíamos en una urbanización de chalet adosados, con piscina y parque comunitarios. Al lado del nuestro; es decir; en el chalet adosado al nuestro vivía una pareja de lesbianas; quienes fueron a la postre una pieza clave en la relación entre mi prima y yo. Por entonces yo las miraba con un poco de recelo, por tabú y esas cosas que nos enseñaban de niños; que las relaciones entre parejas del mismo sexo iban contra natura y que por ello eran pecaminosas, que esa gente eran unos pervertidos y cosas por el estilo; pero claro todos esos esquemas terminan por romperse cuando conoces a la gente y te das cuenta que son personas muy normales. Pues bien; estas vecinas, mi prima Alfonsi y yo teníamos amigas comunes; una de ellas era Claudia, compañera de trabajo de una de mis vecinas -ambas trabajaban en una agencia inmobiliaria- e hija de una íntima amiga de mi prima y mía. Esta chica; Claudia; se casaba en fechas cercanas por lo que invitó a las amigas y compañeras a su despedida de soltera, a mi prima porque; a pesar de la diferencia de edad formaba parte de las primeras - Alfonsi junto con Claudia pertenecía a un grupo de chicas de distinta condición civil y muy diversas edades, con una relativa “libertad de movimientos” (como suelen decir los hombres en determinadas circunstancias), las cuales solían quedar los fines de semana para descargar tensiones y porque no, para desmelenarse en algunos casos en discotecas, pubs de moda... Y a mí porque consciente de mi situación marital quería que me olvidase por un rato todo lo desagradable de tan funesta situación.

El fin de semana elegido para la celebración, mi marido había salido de viaje a una convención de trabajo; a las que iba muy a menudo y en grata compañía como supe más tarde. He de decir que yo estaba algo deprimida ya que durante esa semana, mi esposo y yo habíamos discutido varias veces, y la verdad no me apetecía nada salir de fiesta, pero entre unas y otras me convencieron por lo que me di por vencida y acepté la invitación. Convenimos que cuando quisiera volvería a casa, que Alfonsi me acompañaría a esta en el momento que yo decidiese que era hora de regresar -antes no lo dije, mi prima estaba divorciada hacía mucho tiempo y madre de dos hijos mayores- y que se quedaría a dormir en casa; ya dije en su momento que no era una buena etapa en nuestras relaciones familiares, pero también señalé que siempre, incondicionalmente nos echábamos una mano siempre que la situación lo requería. Esa noche todo marchó a las mil maravillas, todas bebimos mucho -demasiado, a tenor de lo que pasó después-, bailamos con “maromos” que hacían streep-tease en una sala de fiestas les metimos y nos dejamos meter mano; cosa que junto al alcohol consumido nos ayudó muchísimo a desinhibirnos y a prepararnos para lo que vendría después. Siendo ya altas horas de la madrugada; es decir, por la mañanita temprano; decidimos regresar a casa las cuatro juntas -Alfonsi, mis vecinas lesbianas y yo-, pero al llegar a esta surgió un ligero problema, ¡me había dejado olvidadas las llaves en el interior de mi chalet!, así que para subsanar el percance mis buenas vecinas -sus nombres eran Natalia; 1,80 cm de estatura, rubia, pelo largo, ojos verdes y curvas de impresión y Silvia pelirroja teñida con el cabello a media melena, de similar estatura, ojos marrones muy penetrantes y en cuanto a curvas nada que envidiarle a su compañera- nos ofrecieron pasar la noche o ya lo que fuera en su casa, irremediablemente y a pesar de mis reparos el cansancio pudo más que yo y acepté y mi prima se negó a dejarme sola y me acompañó.

A pesar de lo bebido; que como ya he dicho era mucho; no se puede decir que fuésemos de un borracho subido, pero si que habíamos alcanzado “el punto”; como se suele decir de alguien que después de unas copas alcanza un estado de felicidad, que si no se remedia puede llegar a preceder a la caída en el “limbo”, del cual uno/a suele salir con una resaca de impresión, a esto había que añadir el estado de excitación alcanzado gracias a nuestros tonteos con los Streepers. Natalia y Silvia nos prestaron uno de los dos dormitorios que había en la parte alta del chalet; para nuestra sorpresa la cama era de matrimonio por lo que las primas deberíamos dormir juntas, también había en ella una televisión y su correspondiente video, era una habitación tan normalita como lo pudiera ser cualquier otra. Nos dieron unos pijamas limpios y nos dejaron solas en aquel dormitorio y nosotras por nuestra parte nos acostamos. Al cabo de un rato ya que no podíamos conciliar el sueño; a veces después de una noche con excitantes emociones vividas suele ocurrir; le propuse a mi prima curiosear por la habitación para ver que guardaban nuestras amables anfitrionas, mi prima aceptó con entusiasmo -la curiosidad es innata en las mujeres de nuestra familia-; así pues, nos levantamos con sigilo, cerramos la puerta del dormitorio para no ser descubiertas y nos pusimos manos a la obra. Alfonsi se dedicó a mirar en un xinfonier de seis cajones, mientras yo miraba en un mueble bajo de dos puertas, en el cual, para mi sorpresa encontré una importante videoteca de películas “porno” de temática lésbica y mi prima para mayor asombro de las dos dio con un kit que contenía múltiples consoladores y vibradores de todo tipo y clases y otros objetos para mayor placer de nosotras las féminas, los cuales nos ayudan en momentos de extrema necesidad a suplir con bastante éxito a los hombres. En este estado de excitación nerviosa sumado a la excitación erótica vivida horas antes más la supresión de nuestro púdico recato ocasionada por el alcohol y por que no decirlo nuestra curiosidad familiar; decidimos poner una de las películas de nuestras queridas vecinas, la cual nos propusimos ver con todos los aparatos de tan casquibano deleite encima de la cama.

A causa de la película y la visión de todos aquellos aparatos para el goce nuestra excitación fue en aumento, hasta tal punto, que en un momento dado mi prima mientras se acariciaba la entrepierna con una mano, con la otra agarraba uno de los consoladores y se lo llevaba a la boca para saborearlo como si fuera un caramelo. Yo por mi parte me sentía arder, un fuego interno quemaba mis entrañas y hacía que mi sexo destilara fluidos sin parar, jamás en mi vida había sentido esto con tanta intensidad y para mi sorpresa hice lo inimaginable -aún no he conseguido una respuesta para explicar mi reacción-, estiré mi mano izquierda y agarré uno de los pechos de mi prima, Alfonsi tan sorprendida como yo me miró a los ojos sin llegar a decir nada, seguidamente me incliné hacía ella uniendo mis labios a los suyos, ella me respondió abriendo su boca de par en par, a decir verdad es uno de los besos más apasionados que he dado y recibido, porque seguidamente mi prima tomó la iniciativa en tan arrebatadora unión de nuestras bocas, que imitaban a las ventosas. Nuestras lenguas parecían de serpiente por la agilidad con la que se entrelazaban. Deshecha nuestra unión bucal, yo me dediqué a besarla desde la frente hasta los dedos de los pies; deteniéndome claro está es su sexo que degusté con ganas. Era la primera vez que me comía semejante cosa y a pesar de mi inexperiencia conseguí que Alfonsi tuviera dos orgasmos, lo cual hizo que aumentara la destilación de flujo que yo saboreé con inmenso placer. Estaba disfrutando del sexo como nunca lo había hecho, ¡con una mujer, qué, además era mi prima!, luego le tocó a ella saborear mi cuerpo, que gozo encadené un orgasmo tras otro, mi cuerpo temblaba con cada sacudida orgásmica; tanto placer es imposible de imaginar si no se ha sentido alguna vez. Después le tocó el turno a los consoladores, me coloqué uno de correas y me dispuse a penetrar a mi prima, ella por su parte al ver mis intenciones se tumbó con la espalda apoyada en la cama, se abrió de piernas y levantó su pelvis para quedar más ofrecida; me miraba con ojos suplicantes, con ellos me imploraba que no demorase ni un segundo más la penetración; yo preparada me incliné sobre ella y mientras me introducía en su boca la iba penetrando lentamente; como me gusta que me lo hagan a mí; que placer aquella doble invasión a la que estaba sometiendo a mi prima. Alfonsi al notarse totalmente llena con aquel portento de látex, entrelazó sus piernas en mi espalda y me aprisionó.

No puedo decir con claridad quien le hizo el amor a quien, pero sí que disfruté como una loca, al igual que cuando fui poseída por mi prima. No sé cuanto tiempo estuvimos así unida la una a la otra, pero si que ambas terminamos derrotadas y durmiendo abrazadas la una a la otra. Así nos encontraron Natalia y Silvia, que nos despertaron y nos invitaron a desayunar. Las dos iban totalmente desnudas, por lo que Alfonsi y yo decidimos bajar de igual manera al piso inferior, donde se encontraba la cocina. Mientras desayunamos, a pesar de lo avanzado del día, mis vecinas nos contaron que nos habían oído hacer el amor, pero que no habían querido intervenir por no molestarnos; nosotras por nuestra parte les confesamos que era nuestra primera vez con otra mujer, que todo había surgido por casualidad, pero que nos había gustado mucho que las dos estábamos dispuestas a repetirlo. Silvia al oír esto se ofreció junto a Natalia a enseñarnos a complacer a otra mujer; aunque claro por mucho que una sepa, en el amor nunca se deja de aprender; a Alfonsi y a mí nos agradó la idea y aceptamos encantadas. Así pues; acabamos de nuevo en el piso de arriba haciendo el amor las cuatro como locas, cambiamos varias veces de pareja, incluso en varias ocasiones acabamos las cuatro juntas sobre la cama. Fue un fin de semana inolvidable, acabé con todos mis perjuicios sobre la homosexualidad, disfruté como nunca había disfrutado en la cama y por si fuera poco y delante de dos testigos de excepción declare mi amor a mi prima y ambas nos prometimos, nunca hasta ese momento habíamos sentido nada igual la luna por la otra, al contrario; pero en ese momento nos dimos cuenta de que nos queríamos, que lo que sentíamos era amor mutuo, amor de verdad.

Esa semana me fui de casa y me separé de mi marido, poco después conseguí el divorcio. Primero me fui unos días a vivir con mis vecinas las cuales me trataron como a una reina -a las cuales estoy muy agradecida-, y poco tiempo después arreglado todo me fui a casa de Alfonsi. A través de Silvia; compañera de Claudia; conseguí trabajo en la Agencia Inmobiliaria y unos meses más tarde cuando complete mi instrucción profesional en la agencia fui trasladada a otra ciudad como encargada de la nueva oficina inmobiliaria abierta en ella. A esta ciudad me acompañó mi prima, aunque sola ya que sus hijos argumentando que ya tenían su vida hecha allí no la acompañaron -por supuesto Alfonsi les contó a sus hijos todo lo referente la relación que nos une a ambas, cosa que ellos han asimilado bastante mejor de lo esperado-. Hace ya seis años que las dos dimos este paso tan crucial en nuestras vidas, no estamos para nada arrepentidas; seguimos tan felices como antes o más ya que desde hace unos pocos meses formamos una pareja de echo con todo derecho -perdón por la rima-. La ceremonia fue muy emocionante con unas testigos muy especiales, que nosotras convertimos en nuestras madrinas; Natalia y Silvia. No nos hablamos con nadie de nuestra familia, pero no nos importa seguimos siendo igual de felices.
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