La putita de mi esposa
Enviado por en 09-mayo-2008
Eran las 9 de la noche de viernes cuando recibí una llamada de mi querida esposa, que me decía que se iba a retrasar ya que iba a cenar con unos compañeros después de sus clases...

Ella tiene 28 años y es una hermosa mujer de boca carnosa, ojos verdes, grandes pechos y muy simpática, que viste muy sensualmente. Es auditora y tenemos de casados 8 años.
Cuando salimos a nuestros trabajos en la mañana ella vestía muy rica: usaba una minifalda ceñida al cuerpo, cuatro dedos por encima de su rodilla y sin medias, que exaltaban los deditos de sus pies, que se veían debido a las sandalias que se puso, en su dedo corazón del pie derecho llevaba un anillo y sus uñas finamente pintadas. Vistió una remera holgada que a la hora de agacharse dejaba ver como caían sus grandes tetas sujetadas por un pequeño sostén.
Me quedé en la noche viendo una película erótica en la cual una mujer llegaba a un vecindario y fornicaba con esposos, con esposas y luego los chantajeaba. La peli me dejó a mil, pero me dormí.

De repente me desperté ante el sonido de la puerta de la sala principal y supe que era mi esposa que llegaba furtivamente a la casa, observé el reloj de nuestro cuarto y supe que eran las dos de la madrugada es decir 5 horas después de que había llamado, gran cena!, me dije a mi mismo.

Mi esposita no llegó a nuestra habitación sino que se fue a dormir a un cuarto aledaño, y el morbo me excitó, tal vez de ver la película que les conté, pero ante todo de suponer lo que había hecho, ya que en otras dos oportunidades en diez años la he pillado en malos pasos, pero nunca comprobados infraganti. Por esta razón permití que pasarán unos minutos y fui a la habitación contigua y la abordé, ella estaba sentada en la cama y ya se había cambiado; estaba descalza, y usaba un micro-short que usa para dormir que deja ver el borde de sus nalgas y una t-shirt muy transparante que deja ver sus grandes tetas, pero ante todo me llamó la atención su rostro desencajado con sendas ojeras y el rimel corrido, a primera vista era un hecho que se había tomado unas copas, cosa que no acostumbra. Me senté junto a ella y le dí un beso en la frente, cosa que la asombró, le dí mi mano y le dije que fuéramos a dormir a nuestra habitación, ella se levantó y en la oscuridad chocaba sus pies descalzos con algunos objetos y llegamos a nuestra cama.

La abracé y nos recostamos y fue cuando pude sentir un pesado olor a humo de cigarrillo y cuando hablaba se sentía un fuerte olor a licor,pero lo que me excitó más fue tocarle su cabello y sentirlo totalmente húmedo; esto terminó de excitarme.Le pregunté suavemente y con tono de comentario que por qué tenía el cabello así y me dijo que había estado " brincando mucho" que finalmente fueron a un bar-restaurante y que ahí vacilaron y brincó mucho, le dije que si bailaron mucho y me reiteró sutílmente que había estado "brincando mucho" .
Pasé mi mano por debajo de su camiseta y con mucho esmero la acariciaba, el hecho de pensar que había estado con otro hombre me calentó. Al oler su cabello el olor era muy penetrante y se combinaba con su humedad, cuando tomé sus manos percibí un olor que no era ni de cigarrillo ni de licor, era el olor que deja el semen después de fluír del pene, inclusive ella me quitó las manos levemente.
Seguí acariciándola y pasé la mano por debajo de su short y sentí un hilo dental de infarto que llevaba, que era un pequeñísimo triángulo en su culo que finalizaba en un hilo que desaparecía entre las nalgas.
Al rato ella se durmió de tantas caricias y seguro de sus tragos y tal vez de la faena realizada, momento que aproveche para seguir acariciándola pero dirigiendo mi mano a su vagina. Al cabo de unos minutos lo gré deslizar mis dedos corazón e índice por su depilado coñito y palpé cierta viscosidad en sus labios mayores, que definitivamente eran restos de fluídos sexuales, al oler mis dedos pude apreciar un olor similar al semen, sudor y a los jugos de su coño, ampliamente conocidos por mí.
Fue tal el grado de excitación que sentí que me saqué la verga y me masturbe a su lado dejando correr mi leche por sus nalgas que se confundían con su sudor, producto de una calurosa noche no solo por el clima sino por su calentura sexual.