|
 | Categorias |  |
 | Últimos Relatos |  |
 | Enlaces |  |
|
0 Comentarios ·
427 veces leido ·
© 2005 Peter Grausam
traducido del alemán
por Peter Grausam
Primer capítulo
Antonio, un transportista de Villaverde, el pueblo en el que yo vivía con Tania, volvió a traer el material como siempre lo hacía a mi construcción. Pero esta vez acompañado por un ayudante, un guapísimo joven, que hasta a mí pudo haberme gustado. Mientras descargaban el camión en pleno sol del medio día, el joven pronto se quitó su camisa, dejando ver una atlética y ágil figura. Si el resto de su cuerpo fuese así llegaría a ser fácilmente un modelo.
¿Pero porque se dedicaba a trabajar en esto? – Con la figura de un adonis no tenía necesidad de hacerlo.
Le pregunté a Antonio. Él me contestó que el joven era su primo que recién cumplía dieciocho años y su nombre era Mario y que estaría un par de semanas durante las vacaciones del colegio en su casa.
Hasta ese momento solo había conocido un ser humano con el cuerpo a mi gusto – esa era mi amiga Tania. Ella tenía el cuerpo perfecto de 1,68 metros de altura y 48 kilogramos de peso lleno de vida. Su cuerpo era tan delicado que le iba bien la última talla de ropa de adolescente o la primera talla de un adulto. Y estas ropas eran las óptimas para vestir una sexy, linda y manejable niña de colegio.
En la isla Fuerteventura vivíamos en una casa construida por mí mismo. Siempre hacía mucho calor y por esta razón Tania elegía ropas de lycra, tan frescas y casi transparentes a la vista y de todos los colores. Por debajo de estas lycras ella usaba diminutos hilos dentales que hacían juego con el color del pantalón. El top era sostenido por sus jóvenes y firmes pechos y no como en otros casos al revés.
Sus pezoncitos tenían la apariencia por debajo de esa delicada tela, como si fueran dos dulces y deseables pasas. La delicada figura de su cintura y su delgado y firme vientre era adornado por un cordón de oro. Sus apretadas y redondas nalgas invitaron a acariciarlas. Al ser la tela de lycra tan delgada dejaba ver siempre la estructura del hilo que usaba y en ocasión ella subía aún más las tiras del hilo sobre sus caderas.
Sus largas y delgadas piernas y sus muslos bien formados, al juntarse dejaban un espacio intermedio de un dedo; esto dejaba ver la silueta de sus tiernos labios vaginales, que eran resaltados por la fina tela que se introducía tensamente.
Todo esto la hacía muy deseable para mí.
Ella lo sabía – no solo por las miradas de viejos y jóvenes sino también porque yo siempre se lo había dicho. Ella llamaría menos la atención si anduviera desnuda como en la casa o en la playa que en la forma en la que anda. De este modo nunca faltaba la ocasión para que yo estuviera templado y buscase siempre acariciar en la playa, casa o calle. Entre más la tocaba, disfrutando su juventud, más loco me volví por ella.
Tania tenía casi veinte años, pero el cuerpo incomparable precioso como el de una quinceañera. Ella cuidaba su parte intima rasurando cada día hasta parecer una diminuta línea de un pincel por encima de sus apetitosos labios vaginales. Este detalle la hacía aún más sensual.
Cuando ella estaba extendida boca abajo en nuestra grande y alta cama y yo acariciaba su sedoso culito, ella no tardaba mucho para empezar a ronronear como una gata.
Cuando levantaba su culito, abriendo de esa manera sus nalgas, ese era el momento en el que yo podía meterle mi grande, grueso y duro inyector de placer cariñosamente. Mientras ella tenía sus manos por debajo de su vientre, acariciándose el hinchado clítoris, chupando mi dedo pulgar a la vez, quizás viendo una película porno para llegar a veces después de mucho rato alcanzar un orgasmo.
Este me provoca mucho pesar, teniendo yo un largo, grueso y vigoroso miembro y no pude satisfacerla.
De mi parte prefería pisarla de frente para disfrutar su hermoso cuerpo y así poder besar sus dulces labios y abrazándola en especial, cuando yo dejaba correr mi jugo dentro de ella y mis calambres no terminaban allí. A ella no le gustaba de este modo porque aparte de mis calambres ella no sentía nada.
Y una vez yo le preguntaba porque le gustaba chupar mi dedo al hacer el amor, y ella me respondía temerosa: “Me imagino que tu dedo es un pene y al chuparlo me pringa una sabrosa carga en mi boquita.”
¡Huiuiui! – “¿Pero que pene?”
“¡Desde luego el tuyo!”
Sí, sí, eso ni tú te lo crees. Sabiendo yo por propia experiencia que esas fantasías sexuales le ayudaban a uno a alcanzar un orgasmo...
Por esta razón me puse a pensar en aquel joven Mario; esto podrá gustarle a mi querida Tania. Y cuando yo estuviese conforme, de que ella chupe un poquito su juvenil e inexperto palillo, quizás ella llegará más fácilmente a un lindo orgasmo y podrá alimentar sus fantasías complaciéndose con él por algún tiempo.
Ese mismo día, después del fin del trabajo pasé por casa de Antonio. Yo tenía mucho que hacer en mi casa y quise preguntarle a Mario si él quería ayudarme por una buena paga desde luego. Si él estuviera dispuesto entonces yo mañana no iría a trabajar.
Entonces esto iba a funcionar mejor de lo que yo pensaba, porque los colegiales siempre ocupan dinero. Y también le daríamos la comida en casa. Antonio nos conoce desde hacía buen tiempo y él quiere mandar a Mario a las ocho de la mañana al día siguiente.
Ahora solo me queda a inventar un trabajo en el cual Mario se ensuciara mucho, para que él tuviese que ducharse al medio día antes de almorzar. La ducha en nuestro gran baño no tiene cortina y yo quiero dejar la puerta totalmente abierta y encargarme de que Tania pasará al frente o que ella le trajese una toalla. ¡O, o, o! Y cuando ella le viese, tal vez sus hormonas comenzaran a trabajar.
En la mañana antes que viniese Mario yo quise tratarla cariñosamente para que ella estuviera con ganas de tener sexo; pues yo sabía que después de descansar toda la noche ella siempre tendría mas ganas. De repente quise dejarla porque Mario estaba por llegar, lo que ella no sabía.
Mario llega media hora antes de las ocho, justo cuando ella comienza arder.
Así que yo me levanto rápidamente, poniéndome un calzoncillo y abre la puerta. Lo dejo entrar y le indique que debe cambiarse de ropa por una que yo le daría para trabajar.
La ocasión es buena. Tania esta ardiendo tanto como yo y Mario esta en calzoncillos. De esta forma llevo el joven al dormitorio, pero él no lo sabía. Tania esta desnuda boca abajo sobre la sabana acariciándose su clítoris.
De repente Tania se asusta al ver un desconocido frente a si y retira sus manos de su delicioso clítoris. Pero yo observo en su brillante e interesado ojos café que la mirada no es de susto, sino de deseo y curiosidad.
Cuando de repente un joven moreno con figura de película se encuentra a la cabecera de su lado de la cama, por supuesto esto solo puede ser con mi consentimiento. Entonces empiezo a chupar mi dedo como ella lo hacía y moviendo mi cabeza quiero decir que sí. Ojalá que ella me entiende. Me parecía que ella había esperado por largo tiempo una ocasión como esta.
Después de algunos momentos de reponerse del susto, ella empieza a mostrarle sensualmente su bello cuerpo. Mario aún no entiende lo que sucede, pero no puede dejar de ver aquellas excitantes contorsiones.
De pronto Tania se pone de rodillas lentamente sobre la cama de frente a Mario, con sus manos acariciando su tierno pecho, su boca buscando la de él. Mientras ella mete su suave lengua en la boca de él, con sus manos empieza a bajarle los calzoncillos. Pero estos no bajan, debido a su endurecido pene, abollando la tela como una lanza.
. A tientos lleva sus manos sobre la tela, y llegada a la
parte más tensa, las amolda curiosamente.
De repente suelta su boca y hecha una mirada hacia
donde sus manos sostienen una desconocida tiesa cosa,
sintiendo la calurosa piel, sólo separado por una fina
tela.
Lentamente gira la cabeza y me mira a mí, mordiendo
su labio inferior, expresando preocupación y deseo a la
vez. Alentador le hago entender que sigue ya, ya.
Vacilando afloja sus manos, las lleva a la pretina y
Extendiéndola con una, mete la otra adentróóóóóó...
En este momento pasan por su cuerpo frenéticos
escalofríos.
Con la mano libre desliza torpemente el pantalón, acariciando a la vez sus apretadas pompas.
Tania tiene los ojos serrado, estando en otro mundo.
Yo tampoco veo mucho lo que esta haciendo con su mano lleno, porque ella esta muy, perro muy cerca con su cuerpo frente al lo de él. Solo veo su mano moviéndose entre las abiertas piernas y oigo los mas profundos suspiros de Mario.
A lo mejor su pene es tan largo y ella esta frotando el clítoris y como todo es tan nuevo y excitante en cualquier momento le moja con un salvaje regazo su vaina, - ¡ mi vaina ¡
Sin pensármelo dos veces meto mi mano en el espacio entre los dos y agarro a ciegos la masa, la que resulta ser la muñeca de ella. Ni si quieras se da cuenta hasta cuando yo le freno apretándola.
Su indignante mirada me transmite, que si estuve en lo cierto. A raíz de mis inequívocos gestos suelta la pompa y se desliza hacia atrás, siempre sosteniendo la parte de
La mano es pequeña para cubrir todo, debe ser un buen aparato y mientras pienso, ella suelta la mano y un
vigoroso, palpitante pene aparece muy cerca de mi.
¡Que experiencia!
No me recuerdo de haber visto en verdad un excitado
pene de otro hombre, tan hinchado y dispuesto a
dar lo mejor de sí.
Se ver bonito aquel miembro de placer a punto de
reventarse. No es tan grande como el mío -¿o si? Y
su anatomía no deja ningún deseo abierto, un
ligeramente curveado chorizo, cubierto de bronceada
piel con una jugosa, luciente cabeza rodeada en su
borde por la encrespada piel. Sííí... esta debería
de gustarle a mi muñeca.
Mario siempre se encuentra de pie, apoyándose con
una mano en el cabezal, su delicia da al nivel de la
almohada
Con un quejido de placer se tiende sobre la cama
boca abajo, gira su cabeza sobre la almohada de frente
a él y jalándolo por los hombros lo inclina a Mario un
poco sobre su cabeza. Así no tendrá que inclinar su
tenso pene. Después de hacer esto lo toma con una
mano y acerca su desesperada boca, sin tomarme en
cuenta, a ese rojo oscuro glande, lleno de pulsaciones
Al momento ella se detiene y mira como si estuviese hipnotizado la punta de ese sutil pene. Sobre la cuál aparece una cristalina y espesa gotita. Yo puedo ver que esto aun excita más a Tania. ¡Hombre! Ojalá él esta limpio y sano, pensé.
Sí, sí ahora, hooo..., sus labios tocan suavemente la punta, se mojan con su fluido, ella lo prueba y le gusta, continua cubriendo con suaves besitos aquella fruta y pasa la punta de su lengua alrededor del grueso borde del glande.
“¿Y yo, y yo?” Digo con un nudo en la garganta.
Al instante Tania abre sus sudorosas nalgas y me indica con un ligero movimiento hacia arriba y abajo que tiene ganas de sentirme dentro de sí.
¡Estoy desesperado!
Al principio, cuando ellos se vieron por primera vez y comenzaron a conocerse mejor, yo no dejaba de verlos, acariciando mi pene con mi mano, para estar listo para actuar. Enseguida me pongo de rodillas sobre sus nalgas que me invitan, deslizando mis manos sobre sus costados llego hasta sus caderas, siento el húmedo calor de sus hinchados labios, y meto mí desesperado pene poco a poco hasta lo más profundo. Su cuerpo me responde con unas increíbles pulsaciones desde su interior como nunca antes lo había hecho.
Cuando mis ojos se cierran por el debido placer que siento, lo último que veo es el glande de Mario bailar entre los labios de Tania.
Sus mojados labios combinados con un “hmmm” cada vez más rápido – me permitían pensar que pronto Tania conocería sus jóvenes y ágiles espermatozoides.
Poco después Tania sacó un poco el baboso glande de su boca para tragarse lentamente la caliente delicia, con una mirada llena de satisfacción, continuaba acariciando su clítoris. Todo su cuerpo entró en un estado de incontrolable frenesí, con quejidos llenos de deseo, esto me hizo sentir que mi pequeña Tania estaba ahogándose en el placer.
¡Jadeando ella decía! ¡Riéguense con sus penes llénenme de jugo! Hmmmm... Hoooo...
Tania se movía muchísimo, tuve que agarrarme fuerte de ella para no perder el contacto. Así me regué al mismo tiempo con ella en su mejor orgasmo.
Seguidamente ella buscaba el semierecto chupón de Mario. Con su mano movía rápidamente el prepucio, con el glande entre sus labios. De pronto Mario no podía esconder lo que él sentía y dejaba oír quejidos llenos de gusto, haciendo a un lado su timidez.
En este momento Mario invitaba a Tania a saborear de nuevo sus sal-picantes gotas. Tania había tragado todo el glande y yo vi como sus mejillas se movían al succionar hasta sacarle el alma. Imaginé como las saladas gotas de semen se escurrían sobre su lengua y en ese momento sentí unas deliciosas contracciones vaginales en mi pene, pues aún estaba dentro de ella.
Hasta ahora dejó salir Tania el disminuido pene de su boca, y dio vuelta debajo de mí. Poniendo sus mojadas manos en mi nuca, me inclino hacia abajo, y me metí su mucosa lengua en mi sorpresiva boca entre abierto, dándome su semen a probar. ¡Uhhhh... guacala!
Hmmmmm... no sabe tan malo esta cosa aguada – a jabón salado con huevos de sapo.
Y ella me dijo que me daba esto para que compartiera su felicidad y sentó muy rico cuando el pene de Mario empieza a titilar antes de dar su regazo, y cuando el chorro toca su garganta y se extiende sobre la lengua, y cuando lo tragaba, le pica hasta lo más profundo.
Hasta que por fin le he dado lo que siempre soñó.
Y los tres nos acostábamos relajados en la cama; Tania entre nosotros, acariciando nuestros diminutos penecitos.
Segundo capítulo
Después de quedar medio dormido, en algún momento sentí un movimiento en la cama. Sigilosamente abrí un ojo y de repente los dos.
¡Huyi! ¿Qué sucede aquí? – ¡Su desnudo cuerpo sobre el cuerpo de un desconocido!
Mi gorrión, como yo la llamaba cariñosamente a Tania por el parecido de su cabello al de un gorrión cuando este termina de bañarse, está con la mitad de su cuerpo sobre él y de espaldas a mí, frente a mis incrédulos ojos, se encontraba ella explorándole.
¿O estaba yo soñando? ¿Era esto real?
De nuevo la cama se movía, y esta vez gire mi cabeza suavemente con mis ojos entreabiertos. No lo puedo creer lo que veo.
¿Qué debo hacer, pensé? ¿No siente ningún pudor?
Ahora ella se desliza con sus piernas abiertas sobre él.
¡Huyyyyyii! – deseaba llevar mis dedos atrás y por debajo de sus piernas y sentir su fruta madura en mi mano. Al ver esto siento cosquillas en mi pene.
¡Que excitante, espiarlos! Que templazón!
Quizás debería esperar hasta que ella este totalmente excitada y ver todo lo que es capaz de darle a él, y aprovecharme en su momento y saltar sobre ella.
Cuando ella soltaba sus labios de los de él, empezó a besar su cuerpo de arriba hacia abajo liberando su duro pene, el cual estaba oculto por el vientre de ella. Ahora entendí porque ella, mientras besaba a Mario en la boca, movía suavemente sus caderas.
Con su lengua Tania lamía su pene hasta llegar a sus tensas bolas, las cuales succionaba una a una. Con su excitada lengua llegó hasta su ano y le lamía entre sus piernas.
De pronto Tania se sentó sobre sus caderas y presionó los dilatados labios vaginales contra su tronco. Luego levantándolo con sus manos ese moreno y duro pene.
Hey, sí, era bastante largo y grueso como una salchicha. – ¡Y esta salchicha era la que Tania quería meter en mi paraíso para disfrutar luego un chorro de esperma caliente!
Ahora ella se levanta un poco. Sus labios se abrían como las rosadas alas de una mariposa, que con certeza se acerca a la flor para tomar su delicioso néctar.
Cuando el mojado glande casi toca sus húmedos labios, le hago sentir que yo estoy aquí. Y antes de que ella se pudiese sentar sobre él, se asustó y soltó el pene; este estrelló encima de él, y se sentó al vacío.
Esto no era parte de mi fantasía. Chupar su pene es una cosa simple, pero metérselo toda esta salchicha caliente en mi querido panocho, eso era algo que todavía no me había imaginado.
“¡Hey tú! – ¿Qué, qué querías hacer? ¡Tu lindo panochito es solo para mí! ¡Mira que excitado estoy!”
“Pero, pero, Mario sabe tan rico, su piel es tan suave, tan nueva y, y, y... ¡Por favor, por favor déjame sentir su pene muy dentro de mí! Estoy tan excitada, que mi curiosa pussy está a punto de reventarse. Estoy ardiendo, que él apague mi fuego con su sabrosa manguera.”
A Tania le temblaba todo el cuerpo, cogió mi mano y la llevó entre sus piernas para dejarme sentir su excitada vagina. Ohhhh... – sí, ella tenía razón, yo sentí una flor caliente y babosa.
“¡Por favor, yo tengo calambres en mi vientre – considérame el placer que él me satisfaga! Por favor, ¿sí? – ¡El solo; Su cuerpo con el mío... ! ¡Tu puedes después hacer con migo lo que quieres, por favor, yo entonces quiero hacer todo para ti!”
¡Joder! ¿Dios mío, qué hago? Seguro luce muy bonito cuando mi pequeño pajarito es pisado por un joven inexperto gallo, que le hace sentir piel de gallina. Ohhh..., sí y después ella quiere hacer todo para mí, ohhhh... ya, mi fantasía se me está escapando...
“Bueno – si es eso lo que deseas, ¿hmm?
Peroooo... ¡tú de espalda y él por encima de ti!”
– De este modo ella con migo no sentía mucho, ¿porque entonces con otro y un pene más pequeño? –
“¡Pero yo quiero estar presente, cuidándote!”
“¡Sí, sí, sí, oh sí, cuídame cuando él me desplume!”
Tania estaba desesperada de sentir su pulsado pene y el joven cuerpo cubriendo el suyo. Se acuesta de espalda, levanta las rodillas y expande inconfundiblemente sus piernas.
Ahhh..., que vista más llamativa, esta lindísima cueva, en la cual Mario experimentaría impacientemente quizás por primera vez su virginal masculinidad.
Mario se encontraba acuclillado frente ella, disfrutando el panorama tanto como yo.
En la mímica de su bonita cara y en la rigidez de su soñado y escultural miembro veo yo, que en este preciso momento está dispuesto a mostrar, que él quiere satisfacer a mi adorada Tania igual que yo. ¿O quizás mejor?
– En el momento en que él inserte su apetitoso y repleto glande y le hace sentir su ardiente calor y cuando está pulsando en lo más profundo, Tania se va a estallar de celo. Y cuando lo mueve este nuevo y desconocido pene, provocando sentidos, que ella nunca ha recibido, quizás se olvida por un tiempo de mí y el mundo. ¿Y, posiblemente desde entonces solo quiere sentirlo a él?
¿A lo mejor no lo voy a permitir?
Ah – ¡no importa! Antes de conocerla ya había tenido otros dispensadores de esperma dentro de si y no ha sufrido ningún desgaste. También seria muy exótica ver dos esculturales cuerpos entrelazarse; y cuando Mario se riega en ella, quiero compartir sus sentimientos, apuntando hacia ellos. –
Aquellas deseables fantasías pasaron por mi mente, estimuladas por el aroma saliente del núcleo de sus piernas.
Y en este momento, con un inconfundible gesto, dijo Tania en alemán: “¡Mario, ven a mí – métemela!”
Aunque Mario no entendió alemán, pudo imaginarse que era, lo que ella quería al mencionar su nombre. Mario me miró con temor indirectamente sin retirar la mirada de ella. Quizás, como él no entendió la conversación entre Tania y yo, con respecto a lo que ella quería hacer con su pene, pensó que nos estábamos peleando.
Cautelosamente lo hice entender, que ella está comiéndose por él y que si puede complacerla – pero por favor – con cuidado.
Eso no tuve que decirlo dos veces. De pronto se inclinó sobre ella.
– ¡Joven, joven, ten cuidado con sus bellos senos, no te eches sobre ellos! –
Uiiiihh... ya está posado sobre ella, la abraza con mucha ternura.
¿Pero qué, qué sucedió con su pene? ¿Lo tendrá dentro? ¿Quizás lo metió cuando se posó sobre ella?
No, no creo que Tania lo esté sintiendo. De lo contrario hubiese mostrado más signos de placer y esto no hubiera pasado desapercibido.
– Sí, sí, sí, que excitante, Mario mueve sus pompas, las levanta, Tania gime, ronronea y aruña su espalda. –
El ruido de sus bocas al besarse era similar al sonido que emitía al chupar su pene.
– Pero en este momento iba a ser más serio. –
Las firmes pompas de él estaban en movimiento hacia arriba, abajo y hacia los lados, frotaba sus caderas sobre ella.
– Sí, seguro está intentando introducirla. –
¿O estaba ya follándola?
– Creo que no. Porque si ella estuviese sintiendo su pene, me lo hubiera transmitido. –
Ahora puedo ver como Tania mueve sus nalgas, facilitando a Mario el contacto.
– Sí, por su poca experiencia no le es muy fácil.
¡Mario, apúrate, no la hagas sufrir más! –
Tania tomó sus caderas y levantándolas, se acomodo sus nalgas bajo él. En ese instante cambió la expresión de sus sensuales ojos, en los cuales se reflejaba el brillante glande de Mario. Enseguida escuché quejidos de alivio, mientras Tania soltaba sus ascendentes caderas.
– Me imaginé, como su pene se desliza entre su rosada carne, su glande al sentir el fondo comienza a contraerse y con las ultimas fricciones le va a llenar con un inmenso chorro de fluido. –
Por su manera de gemir que ella dejó oír, le gustaba mucho como él la tomaba. Igualmente ella lo agarraba con sus brazos y piernas, como si quisiera meter todo su cuerpo en si, como si estuviesen fundiéndose.
Después de un tiempo Mario mueve lentamente sus caderas y de pronto aumenta el movimiento, al cual Tania responde con más sonoros sonidos de placer. Nunca he visto a Tania tan excitada, jamás había escuchado esta virtud. Yo tenía que encogerme para no corrermé ya.
Mario seguidamente empujaba con movimientos inseguros su miembro en ella, y me parecía justo, esto le gustaba porque ella temblaba y gritaba más.
Uhhh... – mi pequeña es follada por un inexperto extraño y yo no debo hacer nada.
¿Qué es lo que tiene él de especial? ¿Quizás tiene corriente en sus bolas?
Yo decidí verlas más de cerca. Me acercaba con mi cabeza por detrás de sus brincando pompas para poder observar a través de sus abiertos muslos. Así veo los labios vaginales de Tania fundidos con su carne.
Y cuando Mario retiraba su mojado pene, sus labios se expulsaron hacia él, y cuando él lo insertaba estos hinchados labios se lo comieron, acompañado por esos mojados sonidos olorosos, cuales estaban distribuyéndose.
De repente Mario empujaba más brusco, sus repletos testículos golpeaban más fuerte a Tania su mojado y titilando ano. Sus manos soltaban los pechos, la deslizaba por debajo de su espalda, agarrando sus hombros.
Yo salí rápidamente de la cama pasándome al lado de ellos. La baba saliendo de mí. La babosa mano me deja sentir lo que él sentía.
Élll... esta pisando a mi amor, su escultural cuerpo flota sobre ella, en ella, su caliente carro en mi cochera.
Ohh, que elástico como él se mueve encima de ella siempre de nuevo apuñala, – boniiiito.
Él empuja sus caderas contra las de ella y ejerce duros y cortos empujones, sus quejidos suenan incontrolados, bellísima, siento que ahora llegó el momento cuando recibe su regazo.
Sí, sí, así tiene que ser, porque Mario empuja de repente más lento, al momento más rápido con largos empujones. Su cuerpo abrazando al de ella, se acalambra, tiembla – para – sigue empujando, ahora en firme ritmo, la saca, – la metttteee. Oigo su sensual ahhh.
Oh – como mueve sus glúteos.
Ah – sí, ese ahhh cuando entra en ella y tilitea y... ahhh. Sí – sí – sí, desde luego, eso tiene que ser, ahora le inyecta su jugo.
Uhhh – yo siento como se acumula el esperma en mi pene.
¡Dios mío! – mi muñeca está por recibir una extraña y completa carga de su mocosa secreción.
Hey, que bonito luce como él esta follándola, como balancea su exuberante culito entre sus muslos, dándole con cada empujón su mielosa delicia. Ya, ya – yo siento, veo como mi jugo se arroja de mí, y brota por encima de ellos.
Él empuja una y otra vez, me imagina, como con cada quejido de él sus sal-picantes gotas se tiran contra ella, les ahogan.
Ahhh – ohh, tengo el mío en mi firme mano, las ultimas gotas caen sobre ellos.
Tania grita ahora: “Sí, sí, estoy corriendo, corriendo, oh Mario – más fuerte, más rápido, rápidoooo, ya – ya apaga mi fuego – ya – ya – yaaa – aaaa – ohhhh...”
Los quejidos de él aumentaron, igual apretó sus regazos fuerte contra las de ella, crispaba las nalgas y levantó el tronco de su pecho. Tania gritaba y encabritándose aruñaba las manos en sus pompas, acompañado por los últimos suspiros.
Aparentemente los dos no querían soltarse. Pero con esto bastaba.
Así arrastré y empujé el joven de su cuerpo. Y así pude ver su roo huequito entreabierto frente mis desesperados ojos. Vi el margen que él había dejado. Un lechoso liquido fluía, pasando por su pulsando ano, mojando la sabana. Lentamente se relajaban sus labios.
¡Increíble! – la cantidad de semen que él después de solo unas horas le había donado.
Yo acariciaba cariñosamente su caliente y sudoso vientre. Ohh – como le ha chuseado dentro de esa frágil bóveda con su duro pene, como se había apoderado des su bellísimo cuerpo. Mis dedos se deslizaban por dentro de sus labios vaginales, sintiendo su fatigada carne, y al tocar su clítoris, ella reacciona con unas vacilantes contracciones. Los cuales debería sentir Mario, porque ella sostenía su mano. – ¿O él la de ella?
Él no parecía cansado o aburrido, también su moreno y resbaladizo gusano no era tan encogido como en la mañana, cuando Tania le chupaba por segunda vez. ¿Será – que aún no esta satisfecho?
¡Pero, hombre! – ¿porque con sus dieciséis años no seria más exuberante por Tania que yo con treinta y ocho?
Cuando yo conocí a Tania, le brincaba como mínima tres veces diario encima, nunca era demasiado. Su perfecto cuerpo, unido con la sensualidad de sus ojos no me dejaba descansar.
Hasta que ella sorpresivamente preguntaba: “¿Si acaso no puede satisfacerte?”
Le dije: “Que si – al contrario – me haces sentir tan rico que quiero más y más.”
Y me hacía saber, que le gustaría en el fondo, hacer el amor de otra manera.
Así hemos llegado donde ahora.
Yo me encontraba siempre de rodillas entre las extendidas piernas de ella, variando la mirada a sus derramados labios, a sus manos unidas y – a la bonita salchicha de Mario. La lucía bien, como descansaba en su bajo vientre poco peludo. El glande está cubierto del prepucio el cual se arruga en la punta.
Ahora era el momento – yo debía tocarlo con mi mano, quería experimentar lo que ella había sentido, como ya he podido saborear, lo que ella disfrutaba. De este modo me desplacé en medio de ellos, acariciaba su pussy y a la vez agarraba su miembro.
Mario celosamente dejaba pasar, que mi mano lo tocara. Tímidamente miraba hacia Tania.
Huiiii – que suave y extraño sentido.
Cautelosamente muevo mi mano hacia el tronco, que hizo salir el enorme glande. Al soltar la piel se quedó descubierto. Pasando mi mano sobre su tensa bolsa sentí unas ligeras contracciones.
¡Ha! – ¿Era esto lo que volvió a Tania tan loca?
Otra vez la tomé en mi mano y empieza a mover el prepucio como lo hacía Tania. Al momento sentí como se estaba hinchando y creciendo en mi mano y la piel no vuelve a pasar por el abultado borde del glande. Por debajo de la suave pegajosa piel siento algo rugoso. ¡De repente tengo un extraño, duro pene en mi mano!
Y con este bello aparato había chuseado hace poco en ella. ¡Sí, ahora la entiendo!
Yo decidí dejarlo en manos de Tania; pues con estas gordas pelotas, segurísima está capaz de regarse una vez más.
Yo tenía que irme al baño, que hagan lo que les dé la gana. Yo por mi parte tenía suficiente.
Pero los sonidos que me llegaban despertaban mi curiosidad.
Saliendo del baño veo a ella tumbando su cabeza encima de su vientre, besando el pene. Y cuando ella sintió mi presencia, le metí toda en su boca, como quería demostrar que es todo suya.
Sí, sí, pensé, sigue besuqueandolo, ese no me llega tan cerca como ver cuando él te chusea con su caliente objeto, y posiblemente te embaraza. Podría ser, que de tanta voluptuosidad el proceso hormonal de ella se vuelve loco y la píldora no es eficaz.
“Prosigan Ustedes, yo voy a tomar algo.”
Saliendo del dormitorio dejé la puerta entreabierta para que se sintieran cómodos, pero a la vez no la cerré del todo, para no perderme ni un sonido.
No terminando mi café, si al caso pasaron cinco minutos oí gemidos de ambos.
¿Qué tan rápido lo habrá hecho? ¡No sonaba que tuviera la boca llena!
¿Qué estarán haciendo sin mí? – Voy deprisa a observar.
Empujando la puerta cautelosamente me había perdido de mucho. Ella se encontraba sentada encima de sus extremos, friccionando salvajemente sus rellenos genitales, aruñando su pecho.
Justo en este momento Mario se riega y murmuraba: “¡Tania, te quiero!”
Y mientras él se riega miré la ausente cara de ella y cual idos ojos miran a un alejado horizonte y oía de su boca entre los quejidos: “¡Oh, Mario, yo también te quiero!”
¡Hombre! Que maravilloso orgasmo está sintiendo, que ignore mi presencia.
Ahora si, me da igual, voy a dejarlos a solas para que se desahoguen.
Al regresar después de un tiempo observé, como Tania descansaba encima de él con las piernas bien extendidas.
Me acerqué y vi, como todavía estaban unidos, parecía que su vagina succionaba su pene. Me hubiera gustado distribuir la gran cantidad de fluido que pegaba allá.
No obstante me contuve a no hacerlo, para no asustarlos.
Después en la noche comimos juntos un plato de ravioles. Tania se sentaba al lado de él para poder así tocar sus genitales.
¡Ya! – creo que es suficiente. Yo ahora si molesto le cancelo rápido a Mario por su ayuda de apagar la hoguera.
Y antes de que se vistiera y guardara su manguera, Tania le da un caliente beso de despedida y le estrecha por última vez su lutuoza bajo vientre. |
|
|
| Valoración |
| Imponente! |
 |
100% |
[1 Voto] |
| Muy Bien |
 |
0% |
[No Hay Votos] |
| Bien |
 |
0% |
[No Hay Votos] |
| Regular |
 |
0% |
[No Hay Votos] |
| Malo |
 |
0% |
[No Hay Votos] |
|
|
|
 | Mas que chistes |  |
 | Registro |  |
 |
¿Aún no es Usuario? Click aquí para registrarser.
¿Olvidó su contraseña? Pedir una nueva aquí.
|  |  |  |  | |
|